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La terraza del Aquarium se ha convertido en un mirador de lujo: la entrada para acceder a ella cuesta 38 euros, con derecho a bufé libre E. V. Desde primeras horas de la mañana el ambiente traineril se pone de manifiesto en los aledaños de La Concha. Las diferentes aficiones van acercándose a la zona de la regata para poder coger un buen lugar para presenciar la prueba. Los colores, de las aficiones, que han predominado en la cita donostiarra han sido el amarillo de Orio, el más numeroso; el rojo de Castro; el azul de Astillero y, en menor grado, el verde de Hondarribia. Todos ellos se agolpan en la zona de la rampa de embarque para presenciar los últimos preparativos: la colocación del botaaguas, palcas, GPS, bombas para achicar agua de los participantes todo un conglomerado de detalles que hacen de los minutos previos al comienzo de la boga un verdadero ritual para los remeros participantes. Todos los lugares buenos están acotados por la organización y el que quiere acceder a éstos debe pasar por taquilla. Los precios son de 3,30 euros la entrada normal y 1,70 para jubilados. Si se hace un pequeño cálculo matemático se obtienen los ingresos que consigue el Ayuntamiento de San Sebastián por esta regata: en la jornada de ayer se considera que asistieron a la prueba del orden de 30.000 aficionados. Hay otros lugares para presenciar la prueba, que tienen todo lujo de detalles. La terraza ubicada en la parte superior del Aquarium está explotada por el restaurante Bokado, que cobra a los que quieren estar en este incomparable mirador 38 euros, si bien durante el desarrollo de la prueba se puede degustar todo tipo de pinchos y de bebida en el bufé instalado a tal efecto. Capítulo aparte merece ver cómo se vive la regata en la zona habilitada para los delegados. Los nervios están a flor de piel, los gritos de ánimo hacia los suyos también y, cómo no, los famosos pinganillos echan humo. Los datos facilitados por el GPS son de mucha utilidad para ir corrigiendo el quehacer de cada barco durante la prueba. Ayer no fue una excepción y todos los equipos tuvieron en esa zona algún miembro de su club habilitado para transmitir los datos al momento. Una situación que volverá a vivirse con máxima intensidad en siete días. Textos tomados del periódico online el diario montañés
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